La Casa Blanca ha emprendido una lucha contra varias de las universidades más prestigiosas del país. Pretende aprovecharse de su relativo declive en los últimos años y del resentimiento creciente que inspiran intelectuales y expertos. Y es que, detrás de la guerra cultural entre liberales y conservadores, lo que está en juego es el lugar de la universidad en la economía estadounidense.