Convencido de que las instituciones culturales estadounidenses le son hostiles y enseñan a odiar a Israel y Occidente, el presidente Donald Trump ha decidido hacer una purga en su seno expulsando a los investigadores extranjeros críticos con las políticas del país, cortando la financiación de las universidades recalcitrantes y tachando de antisemitas las manifestaciones de solidaridad con Palestina. De momento, el miedo vence a la indignación.