El jefe del Partido de Dios ha pagado con la vida su decisión de ejercer una presión militar sobre Israel para acelerar un alto el fuego en Gaza. Tan admirado como temido por su capacidad para evaluar con precisión las relaciones de fuerza en la región, Nasralá subestimó la voluntad israelí de tomarse la revancha de la guerra de 2006. Ahora bien, aunque su partido ha sufrido graves pérdidas, no puede dárselo por desaparecido.