La cultura del cortoplacismo imperante actualmente en muchas empresas supone en realidad pagar un precio a largo plazo. Centrarse de manera inexorable en los resultados del período en curso termina por asfixiar la innovación, deteriora la confianza de los clientes y reduce el compromiso de los empleados. Sin embargo, si se aplican doce reglas, se pueden equilibrar los objetivos a corto y largo plazo en una amplia variedad de aspectos que requieren adoptar decisiones.