Maricarmen Tapia Gómez
Cuando se define inocuamente la gentrificación como el proceso de transformación de un lugar con la llegada de nueva población con mayor capacidad adquisitiva, se invisibilizan partes del proceso: especulación financiera, mobbing, abuso. Se nos abstrae del drama humano: las personas que viven en estos barrios son arrojadas, de forma individual y aislada, a un proceso que las expulsa de su lugar de vida, perdiendo vínculos, identidad y redes de apoyo. Se nos abstrae, además, del modelo de ciudad y de convivencia que como sociedad queremos frente al que terminan imponiéndonos.