Cuando se define inocuamente la gentrificación como el proceso de transformación de un lugar con la llegada de nueva población con mayor capacidad adquisitiva, se invisibilizan partes del proceso: especulación financiera, mobbing, abuso. Se nos abstrae del drama humano: las personas que viven en estos barrios son arrojadas, de forma individual y aislada, a un proceso que las expulsa de su lugar de vida, perdiendo vínculos, identidad y redes de apoyo. Se nos abstrae, además, del modelo de ciudad y de convivencia que como sociedad queremos frente al que terminan imponiéndonos.