El daño moral ha sido considerado siempre como un daño de difícil probanza, debido a su carácter mental, subjetivo y transitorio. Por ello, para evitar la exigencia de una prueba directa, la doctrina y la jurisprudencia han promovido su tratamiento como un daño in re ipsa, infiriendo su existencia a partir del uso de máximas de experiencia. Las máximas de experiencia, en estas operaciones inferenciales, fungen para conectar la ocurrencia de ciertos hechos conocidos con la existencia desconocida y no probada del sufrimiento emocional constitutivo del daño moral. Sin embargo, desde este trabajo se sostendrá que muchas veces dichas máximas no cumplen con los requisitos epistémicos que justifiquen su aplicación, operando más bien como placebos probatorios “legitiman” las decisiones aparentando corrección, pero no se cumple con lo mínimo requerido para su uso racional.
Moral damage has long been regarded as a type of harm that is difficult to prove, due to its mental, subjective, and transient nature. To avoid the demand for direct evidence, legal doctrine and case law have promoted its treatment as damage in reipsa, inferring its existence through the use of maxims of experience. In these inferential operations, maxims of experience function as tools to connect the occurrence of certain known facts with the unknown and unproven existence of emotional suffering constituting the moral damage. However, this paper argues that such maxims often fail to meet the epistemic requirements that would justify their application, instead operating as probative placebos: they “legitimize” decisions by simulating correctness, without satisfying the minimum conditions for rational use.