Barcelona, España
El artículo analiza, desde una perspectiva comparada, las trayectorias de flexibilización laboral en Chile y España a partir de una revisión sistemática de las principales políticas y reformas implementadas en ambos países desde la inserción de este modelo hasta la actualidad. Se sostiene que la flexibilidad laboral no constituye un proceso espontáneo ni meramente técnico, sino el resultado de intervenciones estatales que, bajo narrativas de modernización y competitividad, han reconfigurado las relaciones laborales, la negociación colectiva y las condiciones de empleo. La revisión da cuenta que en ambos países se observan procesos profundos de desregulación laboral; sin embargo, sus recorridos difieren sustantivamente en su origen institucional, en la correlación de fuerzas entre actores sociales y en los márgenes de reversión de las medidas más precarizadoras. En Chile, la flexibilización fue impuesta durante la dictadura cívico-militar y, posteriormente, consolidada por los gobiernos democráticos, lo que trazó una trayectoria de fuerte continuidad estructural. Ello ha dado lugar a un régimen de flexibilidad laboral predominantemente externa y defensiva, caracterizado por la individualización del vínculo laboral, la expansión de la subcontratación, altos niveles de precariedad y un sindicalismo estructuralmente debilitado, sin que las reformas recientes hayan alterado sus fundamentos. En España, en cambio, la flexibilización se desarrolló de forma gradual en un contexto democrático, consolidando desde sus inicios un modelo basado en la flexibilidad externa y defensiva que dualizó el mercado de trabajo entre “insiders” y “outsiders”. Esta lógica se profundizó con las reformas de 2010 y 2012, acentuando aún más la segmentación laboral. No obstante, la reforma de 2022, fruto del diálogo social, ha impulsado una reorientación parcial hacia mecanismos de ajuste interno negociado y el fortalecimiento de la negociación colectiva sectorial, en un intento por hacer frente a la realidad de precariedad estructural heredada, sin que ello suponga una superación definitiva del problema.Con todo, el análisis muestra que, lejos de constituir etapas de un mismo recorrido lineal, ambas trayectorias son expresiones contemporáneas de un fenómeno estructural del capitalismo global, donde las políticas laborales no solo regulan el empleo, sino que configuran las posibilidades de organización, negociación y protección de las y los trabajadores.
The article examines, from a comparative perspective, the trajectories of labor market flexibilization in Chile and Spain through a systematic review of the main policies and reforms implemented in both countries from the adoption of this model to the present. It is argued that labor flexibility does not constitute a spontaneous or purely technical process, but rather the result of state interventions that, under narratives of modernization and competitiveness, have reconfigured labor relations, collective bargaining, and employment conditions. The review shows that both countries have experienced profound processes of labor deregulation; however, their paths differ substantially in terms of institutional origins, the balance of power among social actors, and the scope for reversing the most precarious measures. In Chile, flexibilization was imposed during the civil-military dictatorship and subsequently consolidated by democratic governments, resulting in a trajectory of strong structural continuity. This has produced a regime of predominantly external and defensive labor flexibility, characterized by the individualization of employment relationships, the expansion of subcontracting, high levels of precariousness, and a structurally weakened trade union movement, with recent reforms failing to alter its foundational features. In contrast, in Spain, flexibilization developed gradually within a democratic context, establishing from the outset a model based on external and defensive flexibility that divided the labor market between “insiders” and “outsiders.” This logic was further reinforced by the 2010 and 2012 reforms, which accentuated labor market segmentation. Nevertheless, the 2022 reform, resulting from social dialogue, has promoted a partial reorientation toward mechanisms of negotiated internal adjustment and the strengthening of sectoral collective bargaining, in an attempt to address the inherited structural precariousness, without representing a definitive resolution of the issue. Overall, the analysis demonstrates that, far from constituting stages of a single linear trajectory, both paths are contemporary expressions of a structural phenomenon within global capitalism, where labor policies not only regulate employment but also shape the possibilities for worker organization, negotiation, and protection.