Este texto sostiene que la tarea central de la política es fomentar una auténtica vida comunitaria entre desconocidos: personas que carecen de vínculos significativos previos a la política. En la sociedad pluralista actual, las diferencias radicales hacen que esta tarea sea cada vez más difícil. El autor introduce el concepto de “interdependencia de los diferentes”, una red de dependencia fáctica e involuntaria que trasciende la ciudadanía y los contratos sociales. A diferencia de la cooperación, esta interdependencia no es voluntaria, sino necesaria. La justicia y la amistad por sí solas son insuficientes. La verdadera fraternidad (reconocer a los demás como hermanos a través de una dependencia compartida) permite el apoyo más allá del mérito o la reciprocidad y resulta fundamental para una sociedad pluralista decente.