Tradicionalmente, la medición de la diversidad se ha realizado con indicadores cuantitativos: porcentajes de contratación, cumplimiento de cuotas o presencia de determinados colectivos. Pero datos son tan necesarios como insuficientes. La inclusión, más allá del acceso al empleo, se materializa con la permanencia, las oportunidades de desarrollo profesional, la participación en proyectos relevantes y el sentimiento de pertenencia.