Burgos, España
La política exterior de la Unión Europea (UE) refleja una tensión permanente entre la voluntad de integración y la persistencia de las diplomacias nacionales. A través de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC), la UE busca proyectar una acción exterior cohesionada; sin embargo, la coexistencia con los intereses particulares de los Estados miembros genera fricciones, fragmentación y una efectividad limitada. Este artículo analiza cómo las estructuras institucionales, los mecanismos de coordinación y las dinámicas de poder entre Bruselas y las capitales europeas condicionan la capacidad real de la Unión como actor diplomático global.