Una consultora de la Generación Z reflexiona sobre su llegada al mercado laboral y el choque cultural que aún separa a las organizaciones de los profesionales más jóvenes. Entre la ilusión por aportar ideas, crecer en entornos colaborativos y trabajar con propósito, y el desconcierto ante estructuras poco preparadas para acoger nuevas formas de entender el trabajo, este artículo plantea una mirada generacional que no busca confrontación, sino diálogo. Porque más que una brecha de valores, el reto al que se enfrentan hoy las empresas es una transición pendiente hacia modelos laborales con mayor sentido, coherencia y humanidad.