La desvinculación de un empleado es uno de los momentos más delicados del ciclo de vida laboral y, a menudo, uno de los peor gestionados. Ya sea por decisión voluntaria o, especialmente, a través de un despido, la forma en que una organización comunica y acompaña una salida tiene un impacto profundo no solo en la persona que se va, sino también en el clima interno, la reputación corporativa y la marca empleadora. La evidencia es clara: un offboarding respetuoso, transparente y humano reduce riesgos legales, acelera la recolocación profesional y refuerza la confianza de quienes permanecen. En un contexto de hiperexposición digital y creciente exigencia social, cómo se produce una salida dice tanto —o más— de una empresa y de sus líderes que cualquier campaña de atracción de talento.