Alicia Langreo Navarro, Tomás García Azcárate
Este artículo realiza una amplia visión general de la posición que ocupan las mujeres en el sistema alimentario en todas sus fases, utilizando para ello múltiples fuentes estadísticas públicas y privadas, hasta completar una radiografía de la participación de las mujeres en las diferentes actividades empresariales, ya sea en la propiedad, en los cargos de dirección o el empleo, En cuanto al empleo agrario, el mayor potencial de crecimiento para una mayor participación de las mujeres se encuentra en el trabajo más especializado, menos estacional y mejor remunerado del manejo de maquinaria agrícola. La industria alimentaria, las empresas de distribución y los servicios a la agricultura ofrecen más oportunidades de empleo formal para las mujeres que el sector primario, pero la desigualdad persiste en forma de segmentación ocupacional y techo de cristal. Las políticas de igualdad y los planes de diversidad empresarial empiezan a introducir mejoras, pero todavía no han logrado un cambio estructural. En la actualidad, la igualdad de género se reconoce como un objetivo central de las políticas agrarias y de desarrollo rural, tal como establecen la Agenda 2030 y los marcos normativos europeos. Aun así, la realidad muestra que las brechas persisten: en términos de empleo formal, titularidad de explotaciones, acceso a recursos productivos y participación en la toma de decisiones. Superar estas desigualdades requiere una acción coordinada entre administraciones, organizaciones de la cadena alimentaria, cooperativas y sociedad civil. El reconocimiento del papel de las mujeres en el sistema alimentario no solo es una cuestión de justicia social, sino también un requisito para la sostenibilidad y la resiliencia del sector frente a los retos del futuro.