Este artículo realiza una amplia visión general de la posición que ocupan las mujeres en el sistema alimentario en todas sus fases, utilizando para ello múltiples fuentes estadísticas públicas y privadas, hasta completar una radiografía de la participación de las mujeres en las diferentes actividades empresariales, ya sea en la propiedad, en los cargos de dirección o el empleo, En cuanto al empleo agrario, el mayor potencial de crecimiento para una mayor participación de las mujeres se encuentra en el trabajo más especializado, menos estacional y mejor remunerado del manejo de maquinaria agrícola. La industria alimentaria, las empresas de distribución y los servicios a la agricultura ofrecen más oportunidades de empleo formal para las mujeres que el sector primario, pero la desigualdad persiste en forma de segmentación ocupacional y techo de cristal. Las políticas de igualdad y los planes de diversidad empresarial empiezan a introducir mejoras, pero todavía no han logrado un cambio estructural. En la actualidad, la igualdad de género se reconoce como un objetivo central de las políticas agrarias y de desarrollo rural, tal como establecen la Agenda 2030 y los marcos normativos europeos. Aun así, la realidad muestra que las brechas persisten: en términos de empleo formal, titularidad de explotaciones, acceso a recursos productivos y participación en la toma de decisiones. Superar estas desigualdades requiere una acción coordinada entre administraciones, organizaciones de la cadena alimentaria, cooperativas y sociedad civil. El reconocimiento del papel de las mujeres en el sistema alimentario no solo es una cuestión de justicia social, sino también un requisito para la sostenibilidad y la resiliencia del sector frente a los retos del futuro.