Destruidos de resultas de un acto de sabotaje perpetrado por un equipo ucraniano con, probablemente, el apoyo de Estados Unidos, los gasoductos Nord Stream, que transportaban gas ruso a Alemania, yacen inertes en el fondo del mar Báltico. Los Estados europeos, que pretenden prescindir de los hidrocarburos rusos, han descartado volver a ponerlos en servicio. Pero, entre bastidores, Moscú y Washington se interesan por su futuro.