La lucha contra el terrorismo, prioridad absoluta de los países occidentales desde el 11 de septiembre de 2001, ha encontrado su punto ciego: la destrucción de los gasoductos Nord Stream en septiembre de 2022. Claramente abochornadas, las autoridades políticas y judiciales vacilan. Y con razón. Dos años después, las pistas no conducen al Kremlin, sino a Kiev, Washington y Varsovia...