Las empresas familiares suelen considerarse más resilientes que las empresas no familiares, pero se sabe poco sobre cómo se desarrolla esta resiliencia a partir de los recursos específicos de la familia, especialmente en las economías emergentes. Este estudio analiza cómo el capital familiar —humano, social y financiero— ayudó a las empresas familiares indonesias a superar los retos de la crisis del COVID-19. Basándonos en un estudio de múltiples casos de cuatro pymes familiares, adoptamos un enfoque abductivo, combinando entrevistas en profundidad con datos secundarios para construir una teoría a partir del contexto. Los resultados muestran que el capital humano, como el aprendizaje intergeneracional y la flexibilidad de funciones, permitió a las empresas adaptarse rápidamente, mientras que el capital social, basado en la confianza y las relaciones a largo plazo, apoyó la continuidad y la renovación. El capital financiero actuó como amortiguador, pero fue menos importante de lo esperado. En general, la resiliencia no surgió de los recursos individuales, sino de la interacción de estos capitales. El estudio contribuye a la teoría al replantear la resiliencia como una capacidad relacional integrada en el contexto familiar y cultural, en lugar de como un atributo estático de la empresa. En cuanto a la práctica y las políticas, el estudio destaca la importancia de reforzar el compromiso de los miembros de la familia, las habilidades intergeneracionales y las redes relacionales, al tiempo que se despliega el capital financiero de forma estratégica para garantizar la continuidad.
Family firms are often regarded as more resilient than non-family firms, yet little is known about how this resilience develops from family-specific resources, particularly in emerging economies. This study explores how family capital—human, social, and financial—helped Indonesian family firms navigate the challenges of the COVID-19 crisis. Drawing on a multiple case study of four family-owned SMEs, we adopted an abductive approach, combining in-depth interviews with secondary data to build theory from context. The findings show that human capital, such as intergenerational learning and role flexibility, enabled firms to adapt quickly, while social capital, built on trust and long-term relationships, supported continuity and renewal. Financial capital acted as a buffer but was less central than expected. Overall, resilience emerged not from individual resources but from the interaction of these capitals. The study contributes to theory by reframing resilience as a relational capability embedded in family and cultural context, rather than as a static firm attribute. For practice and policy, the study highlights the importance of strengthening family members’ commitment, intergenerational skills, and relational networks, while deploying financial capital strategically to ensure continuity.