Mª Luisa de Miguel
En la década de 1970, se identificó el «síndrome del impostor», un fenómeno donde individuos exitosos sienten que sus logros no son auténticos, sino fruto de la suerte o factores externos. Pauline Lance y Suzanne Imes lo definieron así, y se ha relacionado con entornos laborales competitivos y estresantes. Aunque a menudo se aborda como un problema individual, el síndrome del impostor es una respuesta a sistemas laborales que presionan a las personas para cumplir con los exigentes estándares de éxito. Este artículo sugiere un cambio de enfoque en el coaching y mentoring, promoviendo la emancipación del cliente respecto al sistema, para abordar las fortalezas personales y cuestionar las prácticas institucionales que perpetúan estas sensaciones. La solución radica en transformar los modelos de trabajo y éxito impuestos, centrando el cambio en las estructuras sociales en lugar de únicamente en el empoderamiento individual.