La incorporación de las generaciones más jóvenes al mundo del vino está suponiendo una auténtica revolución en un sector tan dinámico y cambiante como competitivo, en unos momentos en el que las bodegas no pueden permanecer impasibles. Menos aún tras un año de cosecha cortísima a nivel mundial. Las tendencias apuntan a un incremento de la demanda de vinos rosados, la adaptación de los viticultores a prácticas cuidadosas con el medio ambiente para proteger sus viñas de fenómenos extremos y lograr una mejor sostenibilidad, el lanzamiento de envases alternativos, la búsqueda de variedades más originales, el incremento de las ventas a través de los canales en línea, el aumento de la demanda de vinos ultrapremium, subida de la demanda de vinos sin alcohol o baja graduación alcohólica y la popularidad cada vez más acentuada de los vinos espumosos