Pilar Rodríguez Gómez
El mejor aliado de la buena escucha es el silencio. Solo el que sabe esperar al término del discurso sin interrupciones, «guarda las palabras benéficas, pero las inútiles o falsas las distingue y reconoce con facilidad, dejando claro que es amigo de la verdad, pero no aficionado a las disputas ni apresurado ni peleón», escribe Plutarco.