Tras deshacerse del presidente Bashar el Asad, los sirios oscilan entre la esperanza de vivir en un Estado de derecho y el temor a verse sometidos a un nuevo autoritarismo en el que la mayoría suní imponga su ley a las minorías religiosas, como los drusos y los alauíes. Hábil maniobrador, el presidente Ahmed al Shara sabe que debe dar muestras de tolerancia para asegurarse el respaldo de las capitales occidentales.