Las organizaciones están transformándose para atraer talento joven y equilibrar las diferencias con los liderazgos actuales. Este desafío estructural requiere un enfoque de la cultura basado en las "4C": consecuente, coherente, compartida y consistente; es decir, la cultura ha de convertir valores en comportamientos concretos mediante un mapa de hábitos y comportamientos. Este nuevo liderazgo se basa en autenticidad y autoconocimiento, y los mandos intermedios deben ser formados para incorporar la cultura en la vida diaria de las organizaciones. El futuro se centra en el diálogo intergeneracional y la creación de culturas compartidas para fomentar la colaboración y aprovechar el talento de manera eficaz.