En las últimas semanas, la reanudación del diálogo entre las autoridades estadounidenses y las rusas ha sorprendido, e incluso desestabilizado, a varias capitales europeas. En los debates televisados se han multiplicado las sospechas de connivencia entre dos dirigentes que parecen compartir una ideología conservadora. Pero dos personas pueden influirse mutuamente, incluso admirarse, sin por ello convertirse en aliadas…