Miguel Gómez de Antonio
Uno de los argumentos más sólidos para defender la imposición sobre la riqueza es el innegable incremento de la desigualdad que se manifiesta en la distribución de la renta y es aún más pronunciada en la distribución personal de la riqueza. La imposición sobre la riqueza debería ser un instrumento clave en la fiscalidad del siglo XXI para incrementar los recursos y distribuir la carga impositiva en función de la verdadera distribución de la renta y la riqueza. Porque un nivel excesivo de desigualdad erosiona la cohesión social, daña el buen funcionamiento de los sistemas democráticos, lastra el crecimiento económico, contribuye a las vulnerabilidades estructurales de los sistemas financieros y, debido a la formación de burbujas en los precios de los activos, aumenta la probabilidad de crisis financieras.