

Por el Tratado de Asunción del 26 de marzo de 1991, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, lanzaron su proyecto de crear un Mercado Común entre sus territorios. Los objetivos integracionistas venían desde tiempo atrás, habiendo obtenido el resultado más relevante con el Tratado de Montevideo, suscripto también por estos mismos países en 1980, por el que constituyeron junto con otros la A.L.A.D.I. El Mercosur se presentó como un proyecto ambicioso, tal vez demasiado. Se decidió consolidar ese Mercado Común hacia el 31 de diciembre de 1994, pero la complejidad de su implementación, derivó en que luego del Protocolo de Ouro Preto suscripto el 17 de diciembre de 1994, el proyecto dilatara la fecha de su concreción hasta el año 2006. Atribuimos esa postergación a la complejidad de los mecanismos a emplear, por la sencilla razón que a lo largo de estos años, se han sucedido gobiernos de distinto corte en nuestros países y todos ellos ratificaron su voluntad tendiente a consolidar el Mercosur, al punto tal que en todo este tiempo se han venido registrando avances tan significativos como desparejos hacia ese objetivo, muchos de los cuales referiremos en este trabajo. Las libertades de circulación que se irán implementando en ese contexto, terminarán consolidando el verdadero sentido de la integración, que se trata de la unión de naciones, de personas, de la gente. El análisis de los efectos de este proceso en la gente, es lo que se ha dado en llamar la Dimensión Social de la integración (...)