Concebidas para suavizar el marco normativo con el fin de favorecer la innovación, las llamadas “cajas de arena regulatorias” brindan a las empresas tecnológicas unas condiciones que las exoneran del respeto al derecho común, sobre todo en lo referente a la protección de la vida privada. Su lógica es la de una desregulación que reconfigura el Estado en beneficio de actores del mercado y en detrimento de las libertades públicas.