Enfrentados a la soledad y los ataques de los depredadores, los pastores ejercen su oficio en condiciones precarias de salario y alojamiento. Una nueva generación milita en sindicatos de cuidadores de rebaños para mejorar su día a día. Pero la patronal ganadera francesa, que multiplica sus reivindicaciones ante las autoridades públicas, apenas se muestra dispuesta a negociar con sus asalariados.