Prensa y política son ya enemigos comunes del discurso antiestablishment que tanto cala. Conforme plataformas como X, TikTok o YouTube se vuelven más hostiles contra todos los supuestos representantes de ese establishment, el margen para defender nuestro trabajo como periodistas se hace más estrecho. El periodismo de hard news es necesario, pero el atiborramiento de política nacional no lo es. Hace tiempo que el statu quo ha abierto huecos para el riesgo y la innovación. En España, hacen falta más proyectos que se alejen de la inmediatez del canutazo polémico y de la politización editorial que tanto ahuyenta a los ciudadanos.