Las amenazas híbridas son amenazas difusas cuya procedencia y naturaleza resultan difícil de identificar formalmente por más que se intuyan. Su naturaleza no convencional y multiforme persigue debilitar a las sociedades afectando a su cohesión y exhibiendo sus contradicciones. Para ello se sirven de las reglas, la conciencia moral y los valores de Occidente en su beneficio. Estresan a la sociedad, ensanchando y haciendo más visibles sus costuras, sus líneas de debilidad. Sufren un estrés especial algunos puntos nodales, las líneas de juntura, en que interaccionan Estado y sociedad: las instituciones. La primera condición para poder afrontarlas es conocerse a uno mismo, conocer el contexto y conocer al agente hostil. Ninguna de las tres cosas es fácil en los entornos dinámicos y complejos del siglo XXI.