Tras ocho años de campaña contra la prensa, Trump vuelve a la Casa Blanca en plena guerra legal contra los medios de comunicación y varias querellas contra algunos de los más influyentes, a los que reclama millones de dólares por daños y perjuicios a su imagen y a sus intereses. Su reelección abre un nuevo periodo de hostilidad contra los grandes medios que luchan por informar con imparcialidad.