Una fábrica cierra, los trabajadores se manifiestan, el Estado dice que no puede hacer nada. Corren las lágrimas y pronto se acumula el polvo. “Así es la vida”, repiten los medios de comunicación, siempre dispuestos a ocultar la naturaleza política de las decisiones del poder. Como la de socavar el empleo y aplastar los bastiones obreros del noroeste de Italia, por ejemplo.