Despertarse, tragarse un café, subirse a un coche, a un metro o a un cercanías. Fichar, hacer la jornada, regresar a casa, volver a empezar... ¿Por qué? ¿Y para qué? ¿Y si el desconcierto que provoca el trabajo reflejara en realidad una esperanza, la de una actividad humana emancipadora?