Ángel Fernández Muñoz
Vivimos en grupos. Nacemos en un grupo (la familia). Toda nuestra vida se desarrolla en grupos: los juegos, los estudios, el trabajo, etc. se desarrollan en grupos.
Nadie duda que todos los grupos por los que pasamos nos influyen, es decir, orientan nuestro comportamiento. En efecto, en ellos asumimos los valores de la sociedad, aceptamos las normas de convivencia, aprendemos a convivir, nos comunicamos, amamos, nos relacionamos, etc.
Este proceso, llamado de socialización de la cultura de nuestro entorno, se produce no sólo con los grupos a los que pertenecemos (grupos de pertenencia) sino también con los que no pertenecemos, pero que nos pueden servir de referencia (grupos de no pertenencia) para fijar nuestros valores y normas de conducta o para autovalorar nuestra conducta con referencia a los demás.
Por tanto, podemos afirmar que nuestra conducta está determinada por los grupos, que son el principal vehículo de socialización.
En consecuencia, pocos factores son más decisivos que los grupos para modelar el comportamiento. Y, por tanto, pocas herramientas pueden ser más eficaces para la gestión del capital humano.