En el museo de la legalidad administrativa se encuentra una pieza clásica, que preside todo el salón del poder administrativo. Se trata de la presunción de certeza de lo afirmado por la autoridad que desplaza la carga probatoria al afectado. Un ingenio técnico que maravilla a todo el mundo por la aceptación de que la Administración sea juez y parte en el procedimiento, sobre lo percibido directamente por sus funcionarios.