Han pasado siete décadas desde que, mediante la Comunidad Europea de Defensa (CED), sus seis fundadores pretendieran integrar sus fuerzas armadas en una defensa común. Hoy, aunque cada vez más responsables europeos aluden a su necesaria creación, esta realidad aún queda lejos. ¿Qué es lo que realmente impide avanzar hacia un modelo de defensa común europeo asentado en un ejército compartido? ¿Qué posición sostienen al respecto los principales actores –sociedad, partidos e instituciones– de la Unión Europea (UE)? Con diferentes aproximaciones metodológicas, este artículo pretende aportar evidencias empíricas sobre las complejidades sociales, partidistas e institucionales que dificultan su implementación. En la actualidad, aunque la UE no trabaja en la creación de un ejército común y único, acontecimientos como la invasión de Ucrania podrían poner su articulación en la agenda política, y ni la sociedad, ni las elites, ni los grandes partidos estarían en contra.