Las tensiones comerciales entre la Unión Europea (UE) y China en torno a los vehículos eléctricos (VE) han alcanzado un punto álgido, tras las medidas de defensa comercial impuestas por la UE y las reacciones China. Desde la entrada de China en la OMC la UE ha aplicado mecanismos compensatorios contra prácticas de dumping y subvenciones estatales. La reciente investigación de la Comisión Europea identificó un aumento de importaciones de VE chinos subvencionados, lo que perjudica a los fabricantes europeos. Como resultado, en octubre de 2024 la UE impuso aranceles de hasta un 35,3% sobre estos productos. Los aranceles de la UE buscan contrarrestar lo que considera competencia desleal y proteger la industria europea, pero han generado divergencias políticas dentro de la UE, con países como Alemania y Hungría mostrando reticencia por el riesgo de represalias comerciales que afectarían sus exportaciones a China.La réplica de China ha sido desafiante: acusa a la UE de proteccionismo y amenaza con tomar medidas recíprocas sobre productos clave como motores de combustión, carne de cerdo y productos lácteos. Estas represalias, sin embargo, podrían dañar también a China, dado su interés en el mercado europeo en un momento en que las relaciones con Estados Unidos son inciertas. En el marco de la OMC, China ha solicitado formalmente consultas con la UE, cuestionando la legalidad de los aranceles bajo los acuerdos multilaterales. La UE se mantiene firme, argumentando que las medidas son compatibles con las normas de la OMC y que persiguen la equidad en el comercio. Las negociaciones continúan, y ambos bloques buscan evitar una guerra comercial de mayores proporciones, con el objetivo de establecer un marco de competencia justa.