El presidente Joseph R. Biden ha seguido al pie de la letra la política de Donald Trump hacia Afganistán, a pesar de haber defendido una presencia ligera y haberse opuesto a la escalada militar cuando era Vicepresidente. Al parecer, con los años se convenció de que ese enfoque había fallado. Pero la presencia ligera no falló. Lo que falló fue la cultura política de Occidente y la imaginación de sus burócratas. Estados Unidos y sus aliados carecieron de la paciencia, del realismo y de la moderación necesarios para encontrar un punto medio.