Las constantes malas noticias muestran que el mundo virtual sufre una ausencia de gobierno que se vuelve cada vez más peligroso y tiene implicaciones ominosas no solo para el propio ciberespacio, sino para la economía, la geopolítica, las sociedades democráticas y los aspectos básicos de la guerra y la paz. Dada esta realidad inquietante, cualquier insinuación de que es posible formular reglas para el ciberespacio se recibe casi siempre con escepticismo.