Aunque el mundo encara un difícil camino, se vislumbran oportunidades nunca vistas para Taiwán. El país habrá de considerarse cada vez más una parte de la solución, particularmente conforme otros países tratan de encontrar el equilibrio entre la necesidad de interactuar y comerciar con Estados autoritarios y la necesidad de defender los valores y los ideales democráticos que definen a sus sociedades.