Conforme se aclaran los costos políticos y económicos de adoptar el modelo de China, cada vez menos países encuentran atractivas las audaces iniciativas de Xi Jinping y más resistencia suscitan sus acciones en el extranjero. El éxito de Xi depende de si puede ajustarse y lidiar con las consecuencias. De no hacerlo, cometería un error de cálculo que podría terminar en una reformulación del orden internacional, pero no como lo imagina.