El sector automotriz de la Unión Europea está registrando un importante retroceso tanto en términos absolutos como en comparación con sus homólogos de EE. UU. y de China. El artículo muestra que el declive refleja sobre todo factores de oferta, incluido un retraso tecnológico que dificulta la adaptación a las exigencias medioambientales, generando precios altos que deprimen la demanda y afectan la competitividad. También influyen los frenos a la compra del vehículo eléctrico. España comparte esta tendencia general, que sin embargo se compensa parcialmente gracias al mercado único. Finalmente, ni la imposición de aranceles ni las ayudas a la compra son susceptibles, por sí solos, de revertir el declive de manera sostenible. Los incentivos a la inversión, focalizados en los componentes de mayor contenido tecnológico como las baterías, parecen una opción más acorde con la evidencia empírica.