En el momento en que el Estado consigue ser el coordinador de la demanda y de la provisión de los servicios públicos de consumo final es cuando empiezan a entretejerse las actuales relaciones que se establecen entre éste y las asociaciones, fundaciones operativas y pequeñas cooperativas que actúan en el ámbito de los servicios personales de interés colectivo. La no existencia de la provisión pública de ciertos servicios de consumo colectivo permitió el nacimiento y desarrollo de las entidades sin ánimo de lucro (ESALs). A partir de los años ochenta, las ESALs deben plantearse la necesidad de la complementariedad o de la colaboración con el estado. Este artículo se centra en la organización de la gestión de los servicios públicos de consumo colectivo donde las ESALs pueden tener un papel importante en España. Se supone que para la producción del bienestar social cualquier comunidad humana debe destinar una parte de sus recursos productivos; se supone que bienestar social es un bien normal y se plantean las diferentes formas de organización y provisión de los diferentes bienes y servicios que pueden configurar ese bienestar social. Se considera que la familia es un proveedor por excelencia pero en estos momentos en retirada; se considera que la presencia del Estado en la financiación se mantendrá, aunque no crecerá al mismo ritmo que la demanda; se considera, además, que habrá una tendencia creciente a que el Estado delegue la gestión de los servicios al sector privado. Por último, se plantea el descubrimiento de la provisión de este bienestar por parte de las empresas lucrativas y se cuestiona la capacidad de lucha de las ESALs por mantener e incrementar su presencia en un mercado que hasta el momento parecía que disponía de ciertas ventajas competitivas en relación a sus competidores.