La tecnología permite hoy en día, a través de la llamada "minería de datos", analizar cada perfil y elaborar contenidos altamente personalizados. Si esto lo extrapolamos al ámbito electoral, estamos hablando que es extremadamente fácil manipular a la población en un sentido determinado, exprimiendo sus miedos, fobias y recelos a golpe de bulos y noticias falsas. Esta adulteración del juego democrático puede venir desde los partidos, que quieran ir dopados a las elecciones, o desde países extranjeros que pretendan interferir en los resultados para desestabilizar las democracias occidentales. Este riesgo es real y no es un futurible, sino una amenaza presente para la democracia que puede llevarse por delante nuestro sistema político y nuestras instituciones. Por ello, para proteger la calidad democrática basada en elecciones libres y ciudadanos bien informados que decidan, resulta imprescindible contar con herramientas para que cada persona sepa distinguir una información de algo que no lo es.