Pilar Alegría Continente
El objetivo de la desinformación, que ha existido siempre, ha sido el mismo en todas las épocas: crear informaciones falsas con el propósito de engañar, influir o manipular la realidad y la opinión a favor de unos determinados intereses. Lo novedoso del momento actual es que nunca antes la propagación del bulo, la mentira y la falsedad había encontrado unas herramientas tan certeras y eficaces como son ahora los canales digitales. La tecnología digital permite generar un gran volumen de información, crear grandes nichos de opinión y alimentarlos con flujos de desinformación personalizados. La desinformación y los bulos tienen una incidencia negativa sobre la sociedad: generan ruido, alimentan el odio y la polarización, provocan desconfianza hacia lo que se escucha o lee y acaban socavando gravemente los sistemas democráticos.