Parama Chaudhury, Cloda Jenkins
Las universidades de todo el mundo ofrecen un espacio crucial para el aprendizaje y el desarrollo social de un número aparentemente creciente de estudiantes de orígenes muy diversos y en distintas etapas de su vida. El papel clave de las universidades como centro de educación, optimizando las sinergias con la investigación, se mantiene hoy y en el futuro. Lo que está cambiando es el contexto en el que operan las universidades. Las presiones financieras, las tensiones geopolíticas, las emergencias climáticas y sanitarias mundiales así como el vertiginoso cambio tecnológico plantean retos a la hora de ofrecer experiencias universitarias de alta calidad en un mercado mundial de la enseñanza superior con gran competitividad. Asimismo, también está cambiando el perfil demográfico del personal y del alumnado. La mejora de la diversidad, necesaria aunque demasiado lenta, y el aumento de interés por el aprendizaje permanente desafían el modelo tradicional de lo que se enseña y cómo se enseña. En este artículo se analiza cómo afectan estos retos a la capacidad de las universidades para cumplir su misión integrada de investigación y educación. La adopción de medidas que garanticen la resiliencia ante las disrupciones y la capacidad de adaptación a un contexto cambiante pueden ayudar a las universidades, abiertas a la evolución, a convertir los retos aparentes en oportunidades de crecimiento y de mejora de las experiencias educativas para el personal y los estudiantes. El impacto y el valor añadido continuo radican en la agilidad.
Universities around the world provide a crucial space for learning and social development for a seemingly ever-growing number of students, from a wide range of backgrounds and at different stages in their life. The fundamental role of universities as the center of education, optimizing the synergies with research, remains today and into the future. What is changing is the context within which universities operate. Financial pressures, geopolitical tensions, global climate and health emergencies and superfast technological change present challenges to the delivery of high-quality university experiences in a competitive global higher education market.
In parallel, the demographics of staff and student bodies are changing. The welcome (albeit all too slow) improvement in diversity and an increased focus on lifelong learning challenge the traditional model of what is taught and how it is taught. In this chapter we discuss how these challenges affect the ability of universities to deliver on their integrated research-education missions. Putting measures in place to ensure resilience to shocks and an ability to adapt with changing context can allow for universities, open to evolving, to turn the apparent challenges into opportunities for growth and improved education experiences for staff and students. Impact and continued value-added comes from being agile.