Las autoridades presentan los Juegos Olímpicos de París como una oportunidad para Francia: insisten en el lucimiento del país, en las benéficas repercusiones económicas del evento, en el legado del proyecto de Pierre de Coubertin y hasta en sus efectos sobre la moral de los franceses. Pero el entusiasmo olímpico no se decreta. Hay que prepararlo y construirlo.