Sea paciente nuestro lector ya que este editorial de algún modo promete una experiencia bipolar. Las metodologías de análisis de riesgos, y la honestidad académica, nos obligan a poner sobre la mesa la realidad menos amable de la protección de datos. Y, a pesar de ello, a afirmar radicalmente que es absolutamente necesario diseñar un ecosistema que facilite tratar datos. No se trata de una cuestión contraintuitiva, ni siquiera contrafactual, sino de un compromiso firme. Frente a los profetas del Apocalipsis nuestra tarea consiste en ofrecer escenarios viables que apuesten por una constante mejora de nuestras capacidades para garantizar derechos sin renunciar al avance científico y técnico. Y ésta, no es tarea fácil.