La hoja de ruta para la supervivencia de Doñana es muy clara. Hay que reducir las presiones sobre este enclave único, eliminando todas las extracciones ilegales, racionalizando el uso del territorio y del agua para cambiar el modelo de agricultura de la zona. Además, es necesario reconectar, física e hidrológicamente, la marismo con los ríos y arroyos que nunca debieron dejar de aportar el agua en calidad y cantidad suficiente a Doñana. Si somos capaces de hacer este, la vida volverá a este paraje y tendrá un futuro. Aún está en nuestras manos.