La polarización no es simplemente la falta de acuerdo, no se trata de divergencias en diversos temas. ¿Qué es, pues, la polarización? Míriam Juan-Torres responde con la clasificación de la profesora Jennifer McCoy: se puede concebir como un proceso, un estado, o una estrategia. Este artículo se centra en la llamada polarización afectiva, un tipo de polarización ligada a cómo se construyen las identidades de grupo y que «si se descontrola, hace que los pactos entre determinados actores sean prácticamente imposibles». La razón es un tomar la parte por el todo: «Ocurre –explica la autora– cuando existe una multiplicidad de diferencias que se van alineando en torno a una sola dimensión y que hace que las personas perciban y describan la sociedad y la política como dividida entre un “nosotros” contra “ellos/los otros”». Si esto sucede, el futuro o la viabilidad «del grupo (o de la nación, el proyecto de país, etc.) depende de la derrota de la parte opuesta. La política se convierte en un juego de supervivencia y de suma cero. Por lo tanto, en este contexto, el pacto es una traición».